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Reconocimiento a una iniciativa

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18 ene 2019 - 13:51 h
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<p>Reconocimiento a una iniciativa</p>

Las Medallas del Consejo General de Colegios Farmacéuticos se conceden a personas o a Instituciones “por su labor en beneficio de la Profesión Farmacéutica”. El 12 de Diciembre, la Fundación Pharmaceutical Care España fue la Institución premiada con esta distinción. En palabras del Consejo “se reconoció que ha trabajado incansablemente para promover y difundir un nuevo modelo de actuación profesional, basado en la práctica de la Atención Farmacéutica”

Como glosó la presidenta de la Fundación en su discurso, la iniciativa que 20 años antes suponía promover un nuevo paradigma de la profesión farmacéutica cambiando el centro de la atención profesional desde el medicamento al paciente, exige en la actualidad el apoyo a la farmacia comunitaria para desarrollar la farmacia asistencial y de servicios, centrando la mirada del farmacéutico en los pacientes y ciudadanos y haciendo que la antigua mirada exclusiva hacia el producto sea del siglo pasado, tal como afirmó hace unas semanas el presidente del Colegio de Cádiz, donde la Fundación celebrará su Congreso en 2019.

¿Por qué preferentemente hoy a la farmacia comunitaria y no a la hospitalaria, con presencia relevante entre los patronos-fundadores de la Fundación? Porque la implantación de la Farmacia Clínica en muchos servicios de Farmacia Hospitalaria había facilitado ya ese cambio de mirada profesional desde 1980, sustentado en ese ámbito por la integración con los demás profesionales implicados en asistencia.

Sin embargo, liderar un cambio de este calado, aquí y en el resto del mundo, conlleva no solo la capacidad de innovar conceptual y atractivamente la esencia de una profesión sino la de gestionar el cambio que haga realidad esos conceptos, es decir: tener el poder de utilizar los recursos de todo tipo para cambiar las funciones asignadas a los farmacéuticos dentro de los Sistemas de Salud de cada país.

¿Tiene esa capacidad de gestión el conjunto de colegios farmacéuticos representados en el Consejo General? Podría parecer que la distinción otorgada a la Fundación en Diciembre significa que, al menos, aceptado el liderazgo de ideas, se van a promover las acciones para hacerlas realidad.

La realidad de 20 años de recorrido nos enseña que el esfuerzo de crear un lenguaje y terminología propios, diseñar nuevos procedimientos asistenciales, monitorizarlos en fases piloto, publicar resultados que evidencian efectividad y eficiencia de esos servicios, difundirlos en revistas científicas y profesionales y crear un estado de opinión favorable al cambio entre los farmacéuticos mucho más extenso y fuerte que en 1998 no se traduce en una verdadera implantación y oferta al público de la Atención Farmacéutica

El cambio asistencial que se propone no es una palmera aislada en mitad del desierto sino la reubicación de algunas palmeras (farmacéuticos comunitarios) dentro de un oasis (sistema sanitario).

Dando por hecho que el Consejo General tiene la voluntad de gestionar los cambios, ¿dónde reside el poder para ubicar en el sistema las nuevas funciones de los farmacéuticos comunitarios? Obviamente en los gestores sanitarios de nuestro país, pertenecientes a 17 territorios, diseñando la implementación de cada nuevo servicio en colaboración con los farmacéuticos interesados en esa innovación por tener evidencia de su necesidad social.

Conseguir esta reubicación profesional afecta a las funciones ejecutadas por otros profesionales sanitarios, principalmente médicos y enfermeros, a los que se debe hacer llegar lo que ya hemos probado sobre la obtención de mejores resultados en la farmacoterapia individual si se integran los procedimientos de Atención Farmacéutica en la rutina asistencial.

Los patronos-fundadores teníamos un objetivo meridianamente claro en 1998: aprovechar nuestros conocimientos sobre medicamentos para volcarlos en obtener mejores resultados en cada paciente; el trato personalizado era también tradición de la antigua “botica” pero adaptarlo a evaluar objetiva y subjetivamente la aceptación o rechazo de cada paciente respecto a su medicación ha sido objeto de investigación durante 20 años. Sabemos cómo se hace, tenemos programas de ayuda para hacerlo, en las facultades de farmacia se está enseñando, y su aplicación puntual a determinados grupos de pacientes mejora sus problemas de salud, ahorrando el coste de nuevas consultas o reingresos.

La Iniciativa de hace 20 años, ahora premiada, necesita aterrizar ya.

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