¿Cuál es la aportación a la sostenibilidad del sistema sanitario que realiza el biosimilar?

Los expertos en economía de la salud sitúan en un 30 por ciento el ahorro de estos fármacos respecto a su referencia
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Madrid
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19 may 2017 - 13:30 h
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“Si un biosimilar llega la Ministerio con un 40 por ciento de rebaja sobre el original se financia automáticamente”. Estas son declaraciones del subdirector general de Calidad de Medicamentos y Productos Sanitarios, Carlos Lens. Sin embargo, esta afirmación es una aspiración de máximos. Un informe realizado por QuintilesIMS al respecto analiza la comparativa entre el precio de biosimilar y del biológico original en Europa en los últimos diez años. En el caso de las epoetinas ha caído un 33 por ciento, en el factor estimulante de colonias de granulocitos un 32 por ciento, en las hormonas de crecimiento humano un 19 por ciento y en el factor antitumoral necroso un 8 por ciento. Trasladado a España, el mismo informe de la consultora resalta que la diferencia entre el precio del biosimilar y su producto de referencia ha alcanzado el 30 por ciento.

La pregunta que puede quedar en el aire es la capacidad de ahorro de estos medicamentos sin poner en riesgo el retorno para sus desarrolladores. El Profesor en Escuela Andaluza de Salud Publica, Jaime Espín, estima un porcentaje que se mueve entre la horquilla del 30 por ciento — según un informe para la Comisión Europea en el año 2011 en el que él participó— y el 50 por ciento que han conseguido los países nórdicos. “Por la experiencia actual, hemos vistos que los precios de los biosimilares han sido alrededor de un 20 por ciento más barato que el precio del producto de referencia. Lógicamente, estamos hablando de precios oficiales, porque luego la industria farmacéutica puede ofrecer mayores descuentos a través de acuerdos o participación de concursos públicos”, asevera.

Esta opinión también es compartida por el profesor titular y responsable del Grupo de I+D+I en Economía de la Salud de la Universidad de Cantabria, David Cantarero. “Se estima en la mayoría de estudios al respecto que su ahorro puede situarse entre el 20 y el 30 por ciento menos que el precio del original, si bien todo depende del grado de competencia existente en cada país así como del propio grado de penetración del biosimilar, que es aún muy distinto entre Europa y Estados Unidos”, afirma.

Dado estos porcentajes y las tensiones de tesorería de las Administraciones para hacer frente a las innovaciones disruptivas, muchos ejecutivos españoles (tanto regionales como central) han señalado a estos medicamentos como un pilar fundamental para reducir costes. Sin embargo, Espín avisa de que los biosimilares no pueden cargar sobre sus hombros tanta responsabilidad. “El fomento de biosimilares puede ser unos de los instrumentos a utilizar para hacer que el sistema sanitario sea más eficiente. Estos medicamentos son más baratos que sus productos de referencia y producen los mismos resultados en salud. Sin embargo, no se puede calificar como el ‘mejor’ instrumento porque debe ser utilizado dentro de una política farmacéutica integral que debe tener en cuenta tanto el lado de la demanda como el de la oferta: regulación adecuada del precio de los biosimilares, concursos públicos competitivos que permiten bajar el precios...”, explica. Por su parte, Cantarero augura que el futuro de estos medicamentos como herramienta de ahorro depende de que existan políticas que favorezcan la sustitución. “Si es el mejor formato depende siempre de que su velocidad para ser sustitutivos del original fuese mayor que como ha sido hasta ahora”, afirma.

Para aumentar la penetración de los medicamentos biosimilares se suele hablar de tres vías: la italiana, la portuguesa o una tercera que lo deja en manos del prescriptor. El modelo italiano establece que todo paciente que vaya a recibir tratamiento por primera vez se le suministrará un biosimilar. La vía portuguesa se basa en el establecimiento de una cuota mínima de uso de biosimilares del 20 por ciento en todos sus hospitales.

Así lo transmitió a finales de 2016 la Autoridad Nacional de Medicamentos y Productos Sanitarios portuguesa con la publicación de una nota informativa en la que indica la adopción de esta cuota mínima para 2017. La última, que se utiliza hoy en día en España, es dejar que el médico haga uso de la evidencia científica para justificar el criterio de elección de un medicamento u otro.

¿Qué opinan los partidos políticos?

Los tres partidos que forman parte de la oposición consideran que la legislación debe desarrollarse con premura porque, sobre todo, existen imprecisiones que deben ser matizadas. “Sí, es conveniente una legislación que defina de manera precisa los aspectos a tener en cuenta y que, a su vez, permita potenciar este segmento de mercado con todas las garantías”, asegura el senador socialista José Martínez Olmos. Desde Podemos también tienen claro que con el texto legal vigente no es suficiente para garantizar vacíos futuros. “La falta de un mayor desarrollo en la legislación hace que se abran espacios de indefinición que perjudican tanto al paciente como a los prescriptores”, explica Javier Padilla, miembro del Área Estatal de Salud-Sanidad de la formación que lidera Pablo Iglesias. Desde Ciudadanos, su portavoz de Sanidad en el Congreso de los Diputados, Francisco Igea, asegura que es el momento propicio para poner negro sobre blanco un sistema de precios que incluya también la especificación de los medicamentos biológicos. “Es urgente un nuevo sistema de fijación de precios y de financiación para todos los medicamentos que incluya también a los biosimilares. Por tanto estamos de acuerdo en la necesidad de esa nueva legislación”, explica.

Uno de los puntos donde inciden más las formaciones políticas es en el ahorro potencial que pueden suponer los biosimilares cuando vencen las patentes. Tanto para el PSOE como Podemos y también Ciudadanos esta capacidad, unida a la democratización en el acceso, es una de las directrices capitales con las que debería contar esta legislación.

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