“Prevenir y tratar la fragilidad es posible con ejercicio y nutrición”

Pedro Abizanda, Jefe del Servicio de Geriatría del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete
Herramientas
Madrid
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20 jul 2018 - 12:00 h
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El jefe del Servicio de Geriatría del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete, Pedro Abizanda, analiza las principales vías de actuación frente a la fragilidad de la mano de GACETA MÉDICA y Nestlé Health Science.

Pregunta. ¿Cuál es el perfil de un paciente frágil?

Respuesta. Es un paciente mayor, habitualmente mayor de 65 años, que se caracteriza porque todos los sistemas de su cuerpo, es decir, el corazón, riñón, pulmones, intestinos, cerebro, etc. pierden poco a poco función debido a la edad. Esto hace que cuando tiene un factor estresor (una hospitalización, un medicamento nuevo, caída, cambio psicosocial, etc.) tenga más riesgo de hospitalización, discapacidad o muerte. La Joint Action ADVANTAGE de la Unión Europea define fragilidad como “un estado caracterizado por un declinar progresivo de los sistemas fisiológicos relacionado con el envejecimiento que resulta en una reducción de la capacidad intrínseca y que confiere una extrema vulnerabilidad a estresores, aumentando el riesgo de presentar diversos eventos adversos de salud”.

P. ¿Cuál es su impacto?

R. El problema de la fragilidad es actualmente de extremada relevancia en Europa. Es más importante hoy en día la detección de la fragilidad en mayores, que la detección que hacemos de diabetes, hipertensión o dislipemia en atención primaria. La buena noticia es que ya tenemos herramientas e intervenciones sencillas y eficaces que pueden ser aplicadas, con toda la evidencia científica necesaria y el apoyo de las grandes instituciones. Es la medicina que nos viene por delante, la medicina basada en la función y no en la cronicidad, la morbimortalidad o la patología como hasta ahora.

P. ¿Hay herramientas que permitan detectar esta situación de riesgo antes de que se alteren sus funciones?

R. La pérdida de peso, la debilidad, la lentitud, una baja actividad física y el cansancio son los cinco criterios de fragilidad en la marcha. Es un problema en auge y se debe no solo al envejecimiento poblacional, sino a que cada vez envejecemos mejor. Se considera que más o menos el 10 por ciento de los mayores de 65 años que viven en la comunidad son frágiles. Este porcentaje aumenta a medida que envejecemos. Se calcula que un tercio de los mayores de 80 años y casi la mitad de los mayores de 85 años lo son. Es más frecuente en mujeres que en hombres, y también en determinados ámbitos, por ejemplo, en las residencias de mayores. Es un problema importante.

Cada vez tenemos más claro que se trata de un estado prediscapacidad. Si lo detectamos pronto tenemos medidas efectivas para intentar retrasar, prevenir o revertir ese estado de fragilidad que lleva a la discapacidad.

Hay herramientas validadas para ello. En la Estrategia de Prevención de la Fragilidad y las Caídas que publicó el Ministerio de Sanidad en 2014 se preconiza que es imprescindible hacer un cribado oportunístico de todos los mayores de 65 años de la comunidad con herramientas validadas que son tres: la velocidad de marcha, la batería física de ejecución breve o SPPB o el test de “levántese y ande”. Son pruebas muy simples que miden cómo se mueven las personas mayores con unos puntos de corte que nos indican si la persona tiene riesgo de ser frágil para empezar a tratarla si lo es.

P. ¿En qué casos es preciso realizar la intervención nutricional?

R. A día de hoy hay dos medidas que se han demostrado de máxima utilidad en el manejo de los pacientes frágiles. El ejercicio físico y la nutrición. Si van juntas, mejores son los resultados. Otras intervenciones han demostrado resultados positivos, como puede ser la vitamina D o el control de los fármacos que no están bien prescritos para este tipo de población, e incluso se habla también de entrenamiento cognitivo; pero lo fundamental es ejercicio físico y nutrición.

P. ¿Qué papel tiene el ejercicio físico?

R. Es el principal tratamiento. Los resultados son abrumadores, produce beneficios en el cien por cien de los pacientes mayores frágiles que lo hacen. Son beneficios muy rápidos y, si se mantiene, también se mantienen en el tiempo. Mucho más que cualquier pastilla que tomemos.

Hay estudios que hablan de mejoría de hasta un 40 y un 50 por ciento de velocidad de marcha, reducción de caídas, reversión de la fragilidad, etc. Es espectacular. Debería ser un sí o sí para los pacientes mayores frágiles. Se sabe que es más el beneficio de un programa de ejercicio que el de las pastillas para la tensión o el azúcar. Debería ser obligatorio en el SNS. En este tipo de pacientes es importante que el ejercicio físico se realice en entornos grupales y controlados, pero posteriormente, una vez revertida la fragilidad, se puede hacer en el ámbito comunitario, centros de mayores, etc.

P. ¿Por qué es importante potenciar las actividades de fuerza?

R. Porque tradicionalmente los médicos y los profesionales de la salud hemos recomendado a los mayores caminar más, moverse más, cuando hoy en día está claro que aunque cualquier ejercicio es mejor que ninguno, y caminar es un ejercicio estupendo, para prevenir y revertir la fragilidad y la discapacidad es necesario algo más. Ese algo más son los ejercicios de fuerza y potencia musculares fundamentalmente. Es muy importante que los pacientes acudan a centros especializados en los que además de recomendar caminar, moverse, etc., se les haga ejercicios adaptados y controlados a sus posibilidades.

P. ¿Y la nutrición?

R. Es el segundo pilar. Se ha visto que es positiva por sí sola, pero más aún si se asocia con el ejercicio físico. La intervención nutricional consiste en un aporte adecuado de los nutrientes a esta población que tiene unas necesidades especiales, fundamentalmente de proteínas. Las recomendaciones son de 0,8 gramos por kilo al día en adultos y en mayores frágiles se habla de 1,5 gramos por kilo al día, casi el doble.

Este abordaje se puede hacer con los consejos nutricionales ofrecidos por profesionales como dietistas, nutricionistas, etc., o también cuando el paciente lo necesita, aportando suplementos nutricionales diseñados para estas poblaciones ricos en proteínas de alto valor biológico y en algunos nutrientes específicos, vitamina D, etc., que están disponibles en el mercado.

P. ¿Qué vínculo existe entre fragilidad y malnutrición?

R. Hay una asociación muy fuerte. Se sabe que el 60 por ciento de los malnutridos son frágiles y el 15 por ciento de los frágiles están malnutridos.

El 86 por ciento de los mayores hospitalizados en Europa están en riesgo de malnutrición, en residencias el 67 por ciento y en la comunidad el 38 por ciento. 33 millones de personas mayores en Europa podrían estar en riesgo de desnutrición, lo que tiene un coste altísimo en carga de discapacidad, hospitalización, etc.

Los profesionales que nos dedicamos a esto hemos visto que lo primero que tenemos que medir es si el paciente está en riesgo de malnutrición y tenemos herramientas diseñadas para ello. Una vez que se hace el cribado de riesgo nutricional valoramos si el paciente está malnutrido, si tiene sarcopenia, fragilidad, etc. para analizar el problema exacto.

P. ¿Qué aporta a los profesionales el programa R+Activa?

R. Es un programa de Nestlé Health Science de educación nutricional y actividad física en el anciano, destinado a la formación de los profesionales de la salud que atienden a estos mayores y les ayuda tanto en una adecuada valoración nutricional como en la de su actividad física y propone una serie de soluciones nutricionales y de ejercicio físico individualizadas.

El programa dispone de una plataforma on line muy bien diseñada, www.nutricionyejercicio, y constituye una herramienta muy útil.

Además, el Ministerio de Sanidad lanza periódicamente cursos de capacitación de profesionales en atención a la fragilidad y prevención de caídas que son interesantes y de alta calidad.

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