Financiación, regulación y ensayos clínicos: las tres claves para poder incentivar la innovación farmacéutica en la Unión Europea

Un informe europeo se pregunta si sería positivo aumentar aún más los estándares de aprobación de medicamentos
Madrid
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08 feb 2019 - 14:57 h
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Las respuestas nacionales fragmentadas tienen sus limitaciones, especialmente cuando abordan cuestiones relativas a un partner global como es la industria farmacéutica. Este es el punto de partida con el que la OMS, a través del Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud, ha aportado su grano de arena al debate que viene avisando de la necesidad de repensar las políticas existentes para reequilibrar el balance entre innovación, sostenibilidad y acceso a medicamentos. El resultado ha sido el informe Ensuring access to medicines: How to stimulate innovation to meet patient´s needs, que explora cómo el esfuerzo en I+D podría ser redirigido hacia áreas con necesidades médicas no cubiertas y cómo cabría incrementar la eficiencia de los procesos de I+D. La conclusión: que sólo un enfoque que combine iniciativas que garanticen la financiación, que optimicen la generación de evidencia y que alineen los requerimientos regulatorios puede abordar de forma efectiva los déficits de innovación en el sector farmacéutico.

Las dudas sobre si el sector está inmerso en una crisis de innovación parte de principios de la década pasada. En los últimos años, a pesar de la volatilidad de los datos en algún ejercicio, la tendencia en el número de aprobaciones (ver gráfico superior) por parte de la FDA y la EMA ha sido relativamente constante. Pero el análisis meramente cuantitativo sólo representa una parte del conjunto. Determinar el grado de innovación se enfrenta al hándicap de que sigue sin existir una única metodología o herramienta que se pueda utilizar de manera global y que evite la variabilidad actual de los resultados de la HTA. En su ausencia, crece el cuerpo de evidencia que respalda la idea de que la gran mayoría de los nuevos medicamentos representan pocas ventajas clínicas sobre las alternativas existentes, especialmente en algunas áreas, como la oncología (gráfico inferior).

Financiación

Las vías de mejora de la financiación, la primera de las claves en las que se centra el Observatorio, parten del reconocimiento al sector farmacéutico europeo como un motor indiscutible de la innovación clínica. Pero los expertos de la OMS instan a “no subestimar” el impacto de la financiación pública de la innovación farmacéutica, que soporta, dice, el grueso de la investigación básica en ciertas áreas terapéuticas. Lo que ocurre es que, incluso cuando la mitad de las nuevas entidades moleculares aprobadas parecen provenir de pymes, o de instituciones no empresariales o de asociaciones público-privadas (caso de más de un 70 por ciento de los medicamentos huérfanos), la comercialización de los nuevos productos está casi exclusivamente en manos de grandes y medianas empresas, a menudo como resultado de fusiones y adquisiciones.

Este es el origen de una preocupación del Observatorio por la “sostenibilidad de la infraestructura de I + D farmacéutica”. Sus expertos creen necesario ayudar a la industria a reducir los riesgos y los costes de la I+D y a aumentar el potencial de innovación, creando incentivos que favorezcan la aparición de innovación revolucionarias o disruptivas. Y ante la “percepción de desconexión” en el tipo de innovación que se produce frente a lo que la sociedad necesita, el Observatorio ratifica que “son necesarios nuevos mecanismos de financiación pública que, en última instancia, estimulen la I + D que se considera más deseable y necesaria”.

Además, los Estados miembro tienen mucho por hacer para mejorar la coordinación y el establecimiento de prioridades en I+D y arrojar algo de luz a ese ‘agujero negro’ como el que a menudo se percibe el área de investigación. Si bien tal esfuerzo sería mejor liderado a nivel global, a través del Observatorio de I+D de la OMS, el informe cree que la UE podría refinar o adaptar herramientas relevantes para reflejar las prioridades regionales. En este sentido, los autores resaltan que merece la pena considerar la creación de una entidad encargada de monitorear las necesidades clínicas, junto con las desigualdades en el acceso a medicamentos esenciales.

Ensayos clínicos

Mucho cabe hacer también en torno al segundo eje: la mejora de la generación de evidencia. Los ensayos clínicos continúan siendo la referencia estándar y consumen recursos de manera intensiva. El informe cree que es posible adoptar políticas que los mejoren como fuente de evidencia, que reduzcan sus costes y que pongan remedio a algunos de los retos éticos y técnicos que hoy están sobre la mesa, como por ejemplo la duplicación y fragmentación de ensayos; la falta de datos de efectividad comparada o los gaps de evidencia en áreas o grupos de pacientes específicos. Las redes de ensayos clínicos se postulan como una buena ayuda, de manera que las nuevas investigaciones puedan aprovechar mejor los recursos existentes. El Observatorio cree que está de sobra justificado un mayor respaldo público a estas redes, para que se desarrollen desde una perspectiva colaborativa y realicen su trabajo de forma independiente.

Al igual que las redes, dentro de las nuevas estrategias adoptadas en el campo de la generación de evidencia, los diseños adaptativos de los ensayos clínicos han ocupado otro lugar preeminente. Tienen como objetivo identificar más rápidamente los medicamentos con efectos terapéuticos positivos y concentrarse en las poblaciones de pacientes que tienen más probabilidades de beneficiarse de ellos, ofrecinedo de paso una mayor flexibilidad y eficiencia. Frente a la estructura ‘estricta’ de un ensayo tradicional, el ensayo de adaptación abre la puerta a modificar de manera planificada uno o varios aspectos del ensayo.

Junto a ellos, los ensayos basados en otros diseños experimentales, como los que permiten evaluar de manera simultánea múltiples pruebas de diagnóstico usando muestras de un solo paciente (protocolos maestros) son otra innovación metodológica a considerar, para el Observatorio. Pero en todos los casos su recomendación es la misma: implementar estos modelos y expandir su uso requiere más experiencia y un “conocimiento” claro de las implicaciones metodológicas que requieren.

Finalmente, el informe hace referencia a la creciente rigurosidad de los requisitos de transparencia que se vienen observando a ambos lados del Atlántico... Requisitos que, además de ayudar a reducir los costes generales de la I+D, pueden ayudar, según el Observatorio, a mejorar el conocimiento disponible sobre los (nuevos) medicamentos.

Regulación

Hasta la fecha, una de las vías a través de las cuales la UE ha intentado abordar las necesidades médicas no cubiertas de la población ha sido la aceleración en los procesos de aprobación. Tácticas como las licencias adaptativas, cuyas guías han sido revisadas por la EMA (ver gráfico) tras las discusiones producidas en el Comité STAMP (expertos que abordan desde una perspectiva europea el acceso seguro y temprano a los medicamentos), ha encontrado no pocos detractores que, preocupados ante la posibilidad de que esta vía se convierta en la norma en lugar de la excepción, alertan de los riesgos derivados de una posible reducción de los requisitos en materia de seguridad. A tenor del informe, el Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud también se anima a plantear el tema desde una perspectiva radicalmente opuesta. “Se presta menos atención a la posibilidad opuesta, a saber, al aumento de los estándares de aprobación”, asegura. El argumento es sencillo: elevar el listón para la entrada al mercado de un nuevo medicamento, de manera que tenga que demostrar claramente su superioridad o equivalencia sobre las alternativas existentes, podría alentar a los fabricantes a enfocarse más en áreas con opciones de tratamiento limitadas donde obviamente hay menos comparadores.

Este enfoque también vendría a apoyar, según los expertos, la necesaria convergencia de los requisitos de evidencia exigidos por los reguladores y pagadores. Es probable, a su juicio, que una mayor colaboración y alineación entre los Estados miembro de la Unión Europea en áreas como las evaluaciones post-comercialización o la HTA) contribuya a simplificar la generación de evidencia para los fabricantes y aumente la eficiencia desde el lado de los evaluadores.

Si a todo ello se unieran además una mayor integración del asesoramiento científico, tanto entre países como dentro de ellos, así como los trabajos de Horizon Scanning, los pagadores podrían tenerlo mucho más fácil para señalar claramente sus preferencias; los fabricantes podrían dedicar más esfuerzos a generar productos que coincidan con las áreas priorizadas; y los productos, en definitiva, podrían llegar al mercado con una información mucho más clara de su utilidad en el mundo real.

Las respuestas nacionales fragmentadas tienen sus limitaciones, especialmente cuando abordan cuestiones relativas a un partner global como es la industria farmacéutica. Este es el punto de partida con el que la OMS, a través del Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud, ha aportado su grano de arena al debate que viene avisando de la necesidad de repensar las políticas existentes para reequilibrar el balance entre innovación, sostenibilidad y acceso a medicamentos. El resultado ha sido el informe Ensuring access to medicines: How to stimulate innovation to meet patient´s needs, que explora cómo el esfuerzo en I+D podría ser redirigido hacia áreas con necesidades médicas no cubiertas y cómo cabría incrementar la eficiencia de los procesos de I+D. La conclusión: que sólo un enfoque que combine iniciativas que garanticen la financiación, que optimicen la generación de evidencia y que alineen los requerimientos regulatorios puede abordar de forma efectiva los déficits de innovación en el sector farmacéutico.

Las dudas sobre si el sector está inmerso en una crisis de innovación parte de principios de la década pasada. En los últimos años, a pesar de la volatilidad de los datos en algún ejercicio, la tendencia en el número de aprobaciones (ver gráfico superior) por parte de la FDA y la EMA ha sido relativamente constante. Pero el análisis meramente cuantitativo sólo representa una parte del conjunto. Determinar el grado de innovación se enfrenta al hándicap de que sigue sin existir una única metodología o herramienta que se pueda utilizar de manera global y que evite la variabilidad actual de los resultados de la HTA. En su ausencia, crece el cuerpo de evidencia que respalda la idea de que la gran mayoría de los nuevos medicamentos representan pocas ventajas clínicas sobre las alternativas existentes, especialmente en algunas áreas, como la oncología (gráfico inferior).

Financiación

Las vías de mejora de la financiación, la primera de las claves en las que se centra el Observatorio, parten del reconocimiento al sector farmacéutico europeo como un motor indiscutible de la innovación clínica. Pero los expertos de la OMS instan a “no subestimar” el impacto de la financiación pública de la innovación farmacéutica, que soporta, dice, el grueso de la investigación básica en ciertas áreas terapéuticas. Lo que ocurre es que, incluso cuando la mitad de las nuevas entidades moleculares aprobadas parecen provenir de pymes, o de instituciones no empresariales o de asociaciones público-privadas (caso de más de un 70 por ciento de los medicamentos huérfanos), la comercialización de los nuevos productos está casi exclusivamente en manos de grandes y medianas empresas, a menudo como resultado de fusiones y adquisiciones.

“Son necesarios mecanismos de financiación pública que estimulen la I + D que se considera más necesaria”

Este es el origen de una preocupación del Observatorio por la “sostenibilidad de la infraestructura de I + D farmacéutica”. Sus expertos creen necesario ayudar a la industria a reducir los riesgos y los costes de la I+D y a aumentar el potencial de innovación, creando incentivos que favorezcan la aparición de innovación revolucionarias o disruptivas. Y ante la “percepción de desconexión” en el tipo de innovación que se produce frente a lo que la sociedad necesita, el Observatorio ratifica que “son necesarios nuevos mecanismos de financiación pública que, en última instancia, estimulen la I + D que se considera más deseable y necesaria”.

Además, los Estados miembro tienen mucho por hacer para mejorar la coordinación y el establecimiento de prioridades en I+D y arrojar algo de luz a ese ‘agujero negro’ como el que a menudo se percibe el área de investigación. Si bien tal esfuerzo sería mejor liderado a nivel global, a través del Observatorio de I+D de la OMS, el informe cree que la UE podría refinar o adaptar herramientas relevantes para reflejar las prioridades regionales. En este sentido, los autores resaltan que merece la pena considerar la creación de una entidad encargada de monitorear las necesidades clínicas, junto con las desigualdades en el acceso a medicamentos esenciales.

Ensayos clínicos

Mucho cabe hacer también en torno al segundo eje: la mejora de la generación de evidencia. Los ensayos clínicos continúan siendo la referencia estándar y consumen recursos de manera intensiva. El informe cree que es posible adoptar políticas que los mejoren como fuente de evidencia, que reduzcan sus costes y que pongan remedio a algunos de los retos éticos y técnicos que hoy están sobre la mesa, como por ejemplo la duplicación y fragmentación de ensayos; la falta de datos de efectividad comparada o los gaps de evidencia en áreas o grupos de pacientes específicos. Las redes de ensayos clínicos se postulan como una buena ayuda, de manera que las nuevas investigaciones puedan aprovechar mejor los recursos existentes. El Observatorio cree que está de sobra justificado un mayor respaldo público a estas redes, para que se desarrollen desde una perspectiva colaborativa y realicen su trabajo de forma independiente.

Al igual que las redes, dentro de las nuevas estrategias adoptadas en el campo de la generación de evidencia, los diseños adaptativos de los ensayos clínicos han ocupado otro lugar preeminente. Tienen como objetivo identificar más rápidamente los medicamentos con efectos terapéuticos positivos y concentrarse en las poblaciones de pacientes que tienen más probabilidades de beneficiarse de ellos, ofrecinedo de paso una mayor flexibilidad y eficiencia. Frente a la estructura ‘estricta’ de un ensayo tradicional, el ensayo de adaptación abre la puerta a modificar de manera planificada uno o varios aspectos del ensayo.

“Se presta menos atención
a la posibilidad opuesta, a saber, el aumento de los estándares de aprobación”

Junto a ellos, los ensayos basados en otros diseños experimentales, como los que permiten evaluar de manera simultánea múltiples pruebas de diagnóstico usando muestras de un solo paciente (protocolos maestros) son otra innovación metodológica a considerar, para el Observatorio. Pero en todos los casos su recomendación es la misma: implementar estos modelos y expandir su uso requiere más experiencia y un “conocimiento” claro de las implicaciones metodológicas que requieren.

Finalmente, el informe hace referencia a la creciente rigurosidad de los requisitos de transparencia que se vienen observando a ambos lados del Atlántico... Requisitos que, además de ayudar a reducir los costes generales de la I+D, pueden ayudar, según el Observatorio, a mejorar el conocimiento disponible sobre los (nuevos) medicamentos.

Regulación

Hasta la fecha, una de las vías a través de las cuales la UE ha intentado abordar las necesidades médicas no cubiertas de la población ha sido la aceleración en los procesos de aprobación. Tácticas como las licencias adaptativas, cuyas guías han sido revisadas por la EMA (ver gráfico) tras las discusiones producidas en el Comité STAMP (expertos que abordan desde una perspectiva europea el acceso seguro y temprano a los medicamentos), ha encontrado no pocos detractores que, preocupados ante la posibilidad de que esta vía se convierta en la norma en lugar de la excepción, alertan de los riesgos derivados de una posible reducción de los requisitos en materia de seguridad. A tenor del informe, el Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud también se anima a plantear el tema desde una perspectiva radicalmente opuesta. “Se presta menos atención a la posibilidad opuesta, a saber, al aumento de los estándares de aprobación”, asegura. El argumento es sencillo: elevar el listón para la entrada al mercado de un nuevo medicamento, de manera que tenga que demostrar claramente su superioridad o equivalencia sobre las alternativas existentes, podría alentar a los fabricantes a enfocarse más en áreas con opciones de tratamiento limitadas donde obviamente hay menos comparadores.

Este enfoque también vendría a apoyar, según los expertos, la necesaria convergencia de los requisitos de evidencia exigidos por los reguladores y pagadores. Es probable, a su juicio, que una mayor colaboración y alineación entre los Estados miembro de la Unión Europea en áreas como las evaluaciones post-comercialización o la HTA) contribuya a simplificar la generación de evidencia para los fabricantes y aumente la eficiencia desde el lado de los evaluadores.

Si a todo ello se unieran además una mayor integración del asesoramiento científico, tanto entre países como dentro de ellos, así como los trabajos de Horizon Scanning, los pagadores podrían tenerlo mucho más fácil para señalar claramente sus preferencias; los fabricantes podrían dedicar más esfuerzos a generar productos que coincidan con las áreas priorizadas; y los productos, en definitiva, podrían llegar al mercado con una información mucho más clara de su utilidad en el mundo real.

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