La implementación, el gran reto del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos

Un informe analiza la variabilidad existente en las estrategias de lucha contra las resistencias a nivel europeo
Madrid
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15 mar 2019 - 14:19 h
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El Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) ha reducido el consumo en humanos y en animales; sus líneas estratégicas encajan con las priorizadas a nivel internacional y la diversidad de agentes involucrados en su desarrollo —entre ellos seis ministerios— es un buen ejemplo del enfoque One-Health que se reclama para dar una respuesta global al reto de las resistencias antimicrobianas (RAM). Pero, pese a todo, se enfrenta a un reto de implementación que involucra a los 17 sistemas sanitarios regiones diferentes que componen el SNS, cada uno con diferente financiación y sistemas de gestión”. Así lo cree un informe de la Alianza Europea por la Salud Pública (EPHA, por sus siglas en inglés) que constata que todavía falta mucho por andar para convertir los compromisos políticos en acciones reales en la lucha contra las resistencias.

Ese compromiso parte de 2015, cuando los estados miembros de la Organización Mundial de la Salud aprobaron una Plan de Acción Mundial que incluía la adopción de Planes Nacionales frente a las RAM para el año 2017, un objetivo ambicioso que hasta la fecha no se ha cumplido. De hecho, estos planes existen en un 60,4 por ciento de los países a nivel mundial. En un 33 por ciento está en fase de desarrollo.

Pero tan importante como disponer de un plan es que los que se desarrollen estén alineados. Analizar el alcance de esa disparidad a nivel europeo ha sido el objetivo del informe de la EPHA. Entre los 31 estados analizados —los 28 Estados miembro de la UE más Islandia, Noruega y Suiza— coexisten ejemplos de buenas y malas prácticas con otros que rozan, directamente, la inacción. La buena noticia es que el 74 por ciento ha desarrollado y/o implementado un plan o una iniciativa similar para abordar las resistencias antimicrobianas. La mala, en efecto, que se encuentran en etapas muy diferentes en la realización de sus planes y existen variaciones considerables.

Especialmente llamativo resulta el hecho de que los planes que mejor han adoptado el enfoque de One Health están en el norte y centro de Europa, donde la prevalencia de las resistencias antimicrobianas es generalmente más baja que en los países del este y sur de Europa, que a menudo enfrentan desafíos considerables en sus sistemas de salud y una falta de financiación sostenida en el tiempo. En total, sólo el 51 por ciento de los planes nacionales europeos tienen un enfoque One-Health. Lo curioso, apunta la EPHA, es que muchos de esos planes apelan teóricamente a este concepto, aunque luego abordan las resistencias desde nichos separados.

¿Qué hay? ¿Qué falta?

Sigue habiendo un margen considerable a la hora de racionalizar las estrategias y caminar hacia una coordinada a nivel global. Hay elementos muy presentes en los planes. Alrededor del 60 por ciento contemplan la prevención, el control de la infección y la sensibilización entre los profesionales y el público como objetivos prioritarios. Pero la mayoría no dispone de estimaciones de recursos financieros requeridos o de los fondos dedicados a la implementación, ni de indicadores de desempeño o evaluación de resultados.

Sin dejar de ser ejemplo de buenas prácticas —la semana pasada presentó en una reunión de la red europea sobre resistencias su base de datos para la recopilación de información sobre prescripción de antibióticos—, España está incluida en el mapa global como país de nivel 4 (de los 5 existentes) en la lucha contra las resistencias por esa razón. Aunque cada área estratégica del PRAN incluye medidas subdivididas en acciones específicas para salud humana y animal, no se identifican, según el informe, “objetivos mensurables y recursos de financiamiento de las asignaciones presupuestarias”.

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