Tratamientos cortos y solo si son necesarios: las armas contra la resistencia antimicrobiana

REIPI, la Red Española de Investigación en Patología Infecciosa estudia la posible eficacia de fármacos descartados
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Madrid
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05 ene 2018 - 11:36 h
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La araña teje su red con una seda que produce ella misma y que en algunas especies puede llegar a ser más dura que el acero. Fina, lenta, larga, pero resistente y eficaz. La telaraña le sirve como herramienta de caza y hasta como fuente de alimento, aunque quizá solo con una red no le valga: si es lista, unirá varias. Varios nodos constituyen REIPI, una red tejida en torno a la investigación básica, traslacional y clínica de alta calidad en el área de microbiología clínica y enfermedades infecciosas. Una de las telarañas negras de este siglo, la resistencia antimicrobiana, es quizá la línea de investigación principal abierta en esta Red.

“Hay un problema importante de formación y todavía estamos superando aquello de ’por si acaso, recétame un antibiótico’”. Habla Jesús Rodríguez Baño, coordinador de la REIPI e investigador en el Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla: “En nuestras farmacias todavía se puede conseguir un antibiótico sin receta en algunas circunstancias, algo impensable en otros países europeos”.

El cambio cultural es primordial y se debe dar en todos los actores implicados. También cogen fuerza algunos estudios que desmontan otro de los grandes mitos, que es el de terminar la caja de antibióticos por una prescripción médica que quizá no sea muy acertada. “Hemos aprendido en los últimos diez años que el tratamiento es mejor si es más corto; son pocas las patologías que requieren un tratamiento largo”, anota Rodríguez Baño. Alargar la ingesta de antibióticos de forma innecesaria supone exponer a más bacterias del cuerpo al riesgo de que acaben volviéndose resistentes. “La clave sería: tratamientos más cortos y solamente cuando sean necesarios”. Rodríguez Baño también cuestiona los resultados del plan de acción mundial de la OMS en 2015. “El impacto se ve más en la construcción de un estado de opinión favorable pero hay que seguir financiando la investigación para poder cambiar muchos hábitos culturales”, afirma.

Se sabe que la resistencia a algunos tipos de antibióticos podría acabar con la vida de 10 millones de personas en el año 2050, algo que demuestra que no es un problema del primer mundo. De hecho, afecta mucho más a países en vías de desarrollo, aunque los datos que llegan de la India o África son un tanto confusos porque allí “no es un problema visible y falta información”.

Los programas de investigación de la REIPI son a cinco años y se dividen en 17 grupos de trabajo en los que se encuentran 280 investigadores de hospitales universitarios de ciudades como Sevilla, Córdoba, Madrid, Coruña o Palma de Mallorca. Otra de las puertas abiertas por los investigadores se centra en volver a poner en circulación antibióticos antiguos.

“El problema de crear nuevos es que no tiene retorno económico para la industria”, insiste el coordinador de la REIPI. Por ello rescatan antibióticos desarrollados hasta en los años 70 sin interés comercial para detallar toda esa información que falta sobre ellos y que obligó a descartarlos con unos criterios de calidad muy distintos a los de hoy en día: “Curiosamente, algunas de las superbacterias son sensibles a estos medicamentos antiguos. El problema es que no sabemos bien cómo hay que usarlos, o si son más tóxicos o más eficaces”.

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