Opinión: Remuneración de servicios: cuestión inapelable

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20 oct 2015 - 14:00 h
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Alguien puede cuestionar en la actualidad que los servicios farmacéuticos deben contar con una remuneración específica? Sinceramente, creo que no. La cuestión es porque todavía circula esa pregunta en muchos debates profesionales.

Cuando se iniciaron hace ya unos quince años las primeras experiencias de servicios desde farmacia comunitaria diferenciados de la dispensación, lo primordial fue demostrar que el farmacéutico los podía realizar –se debía probar y demostrar el procedimiento- y que además eran útiles para mejorar la salud de los pacientes –eran efectivos-. El análisis del coste-efectividad no era prioritario y quedó relegado para una segunda fase. Tal vez esto motivó que se pudiera entender que esos servicios se podían prestar de manera altruista por parte del farmacéutico, y que la compensación recaía en la satisfacción profesional y personal. Otros pensaron que la compensación era la fidelización de los clientes.

Opino que visto en perspectiva ese planteamiento de gratuidad se puede interpretar como un error, pero en aquellos momentos fue el idóneo para dar a conocer y demostrar que el farmacéutico comunitario tiene mucho que aportar al sistema sanitario. Debemos recordar que nos encontrábamos al inicio de la difusión del concepto de Atención Farmacéutica. Lo prioritario era mostrar que la actuación del farmacéutico mejora los resultados de la terapéutica que utilizan los pacientes y que además es un profesional clave como en la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y la educación sanitaria.

Sin embargo nada más lejos de la realidad y de la eficiencia, el hecho de separar servicios y remuneración o contemplar servicios sin remuneración.

Todo servicio que preste el farmacéutico en la farmacia comunitaria ha de asegurar su continuidad y sostenibilidad. Ambos aspectos son impensables sin el correspondiente pago por su prestación.

Cuando se define y describe un nuevo servicio es imprescindible tener en cuenta el análisis de coste que comporta su realización.

En el análisis de costes se debe conocer con detalle las necesidades a nivel de recursos humanos, materiales y de formación para su puesta en marcha. Pero también se deben calcular los costes que se generan en la farmacia para ofrecer ese nuevo servicio con continuidad. Tampoco se puede olvidar que la continuidad comporta registro permanente con indicadores definidos para poder evaluar tanto el valor añadido que proporciona el servicio directamente al paciente/usuario que lo recibe, como para el propio sistema sanitario.

Otra cuestión distinta es el precio que debe tener el nuevo servicio. Parece obvio que ha de ser suficiente para pagar los costes pero también debe ser el adecuado para encontrar a alguien que esté dispuesto a pagar por él.

Los posibles pagadores son tres: el sistema nacional de salud, las mutuas privadas y el propio paciente. Es evidente que también se pueden contemplar sistemas mixtos en los que un servicio tenga un tercer pagador pero que el paciente participe con una aportación determinada.

Los pagadores han de entender el nuevo servicio como lo suficientemente necesario para pagar por él. Por muy importante que los farmacéuticos visualicemos un servicio, la necesidad final la marcará el comprador.

En nuestro entorno tenemos ejemplos de servicios que se entendieron necesarios y útiles para los pacientes pero que ellos no percibieron de necesidad como para pagar por ellos. ¿No se explicó bien la necesidad? ¿No se hizo un marketing adecuado del servicio? ¿El paciente no pagara nunca porque está acostumbrado a la gratuidad de los servicios sanitarios?

Por otra parte ante la concertación de servicios nos encontramos ante un sistema sanitario de calidad, difícil de sostener en momentos de crisis. Cualquier mejora o incorporación de nuevos servicios será evaluada en función de la eliminación de otros costes. ¿Qué/cuanto se ahorrará el sistema gracias a los servicios prestados por el farmacéutico? ¿El ahorro será inmediato o a largo plazo?

Podemos concluir que los servicios farmacéuticos solo serán sostenibles si son remunerados y solo serán remunerados si quien debe pagarlos los considera necesarios en primera persona o para sus clientes.

Los farmacéuticos debemos dirigir los esfuerzos hacia aquellos servicios que el pagador identifique como necesarios y debemos ser capaces de convencer sobre su utilidad y su necesidad.

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