Operación Noisa: una botica de la trama compró miles de psicotrópicos y no dispensó “ninguno”

Desde esta farmacia, que ya fue inspeccionada en 2012, se enviaban fármacos a los buques para su exportación ilícita
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12 dic 2014 - 15:00 h
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Un total de 1.245 envases de psicotrópicos (alprazolam) adquiridos entre enero y mayo de 2012 para que el libro recetario refleje “cero” dispensaciones en ese periodo y tampoco se encuentre “ninguna unidad” en el stock de la botica. Por otra parte, 1.380 envases de lorazepam comprados en dichas fechas para, finalmente, dispensar solo 23 unidades y mantener otras cinco en stock. ¿Y las restantes existencias? “En casa, y hoy no las puedo traer a la farmacia”, justificó la titular de una botica relacionada con la trama de la ‘Operación Noisa’.

Estas son las conclusiones de un acta de inspección realizada en mayo de 2012 por la consejería de Sanidad a una de las boticas (ubicada en Pontevedra) propiedad de la trama desarticulada en la operación, que permitirían intuir la realización en el pasado de las prácticas fraudulentas (distribución inversa) por las que se han realizado ahora una decena de detenciones.

La inspección realizada en 2012 a esta botica, cuya titular es Begoña A. pero que actuaría como testaferro de Javier L.D., uno de los cerebros de la trama enviado a prisión, se encuadraba en el ‘caso Celtifarma’, por el que, dos años antes de la ‘Operación Noisa’, Guardia Civil y Xunta de Galicia ya habían puesto el foco sobre las presuntas actividades ilícitas de diversas farmacias y almacenes (como el que dio nombre al caso) propiedad de los detenidos. Sin embargo, un problema de competencias respecto al juzgado que debía autorizar el registro de las instalaciones de Celtifarma impidió que prosperase la investigación.

En esas actas de inspección a los que ha tenido acceso EG, los inspectores de la Xunta reflejan que “no hay existencias para los medicamentos adquiridos en un número tan elevado”. Asimismo, destaca la presencia de “40 cajas conteniendo fármacos en las que no existes etiquetas de remitente y destinatario, pero se observa la marca dejada al haber sido despegadas, y de las que la titular no da ninguna explicación”. Los inspectores también pidieron a Begoña A. que justificase “por qué en las dependencias de Celtifarma se había localizado mercancía consignada por distintos laboratorios a su nombre”, lo cual dijo que sería “un error del transportista”.

Tal como publicó EG, esta es la misma farmacia desde la que, aprovechando sus contratos como proveedor del material sanitario, la trama enviaba medicamentos a diversos buques pesqueros para que, ‘camuflados’ como botiquines, fuesen exportados ilegalmente a terceros países.

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