La OMS insta a los países a desarrollar programas para acabar con la hepatitis tipo B y C

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02 sep 2015 - 14:00 h
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a todos los países a poner en marcha planes nacionales para que las hepatitis víricas, la B y la C, dejen de ser un problema de salud pública, y trabaja en una estrategia global que plantea reducir en un 90 por ciento los nuevos casos en 2030.

Durante la Cumbre Mundial de la Hepatitis que se celebra en Glasgow (Escocia) del 2 al 4 de septiembre, este organismo de Naciones Unidas les presentará un manual para el desarrollo y la evaluación de los planes nacionales de hepatitis y avanzarán en el desarrollo de la estrategia global que marque objetivos para los próximos 15 años.

En principio, la OMS propondrá a todos los países del mundo que las muertes por hepatitis B y C se reduzcan un 65 por ciento de aquí al año 2030 y que al menos el 80 por ciento de los pacientes tengan acceso a un tratamiento. “Sabemos cómo prevenir las hepatitis virales, tenemos una vacuna segura y eficaz contra la hepatitis B, y ahora tenemos medicamentos que pueden curar a las personas con hepatitis C y controlar las infecciones por la B”, ha asegurado Gottfried Hirnschall, director del Programa Global de Hepatitis de la OMS.

Sin embargo, reconoce este experto, “el acceso al diagnóstico y el tratamiento sigue siendo inaccesible en muchas partes del mundo”, por lo que el objetivo de la reunión es dar “una llamada de atención y conseguir un impulso para prevenir, diagnosticar, tratar y eliminar la hepatitis viral como problema de salud pública”.

Se estima que unas 400 millones de personas viven actualmente con una hepatitis viral, que causan alrededor de 1,45 millones de fallecimientos cada año, lo que las convierte en una de las principales causas de muerte a nivel global.

De hecho, se estima que las hepatitis B y C causan aproximadamente el 80 por ciento de todas las muertes por cáncer de hígado, un problema cuando la mayoría de los afectados por ambas dolencias no son conscientes de su infección.

La cumbre de Glasgow, que cuenta con el apoyo de la OMS, la Alianza Mundial contra la Hepatitis y el Gobierno escocés, es la primera reunión de alto nivel que se centra específicamente en las hepatitis víricas, y reunirá a delegados de más de 60 países.

Los políticos, grupos de pacientes, profesionales sanitarios y otros actores clave en el manejo de la enfermedad buscan emitir al final de la cumbre una declaración que subraye su convicción de que es posible acabar con las hepatitis virales y, por ello, piden a todos los gobiernos a trabajar con la OMS para fijar unos objetivos mundiales para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento. “Podemos conseguir que la hepatitis viral deje de ser una importante causa de muerte a nivel mundial, pero debemos trabajar todos juntos para hacer realidad ese objetivo”, ha reconocido Charles Gore, presidente de la Alianza Mundial de la Hepatitis.

Por regiones, los países del África subsahariana y el este asiático son los más afectados, ya que se estima que entre un 5 y 10 por ciento de la población padece hepatitis B crónica. También hay tasas elevadas de infección en la región del Amazonas y en algunos países del sur, este y centro de Europa.

Por su parte, la hepatitis C se encuentra en todo el mundo, aunque las tasas de infección son más altas en África y Asia central y oriental, donde aproximadamente dos tercios de los usuarios de drogas inyectables están infectados.

La OMS reconoce que cada vez son más los países que están tomando medidas para hacer frente a estas infecciones, y destaca el trabajo que están llevando a cabo Egipto, que ha aumentado “considerablemente” el número de pacientes con hepatitis C en tratamiento; Georgia, que se ha fijado como objetivo erradicarla; o Mongolia, donde han aprobado una estrategia integral para controlar estas infecciones.

Sin embargo, no cita el papel de España, que a primeros de año aprobó un plan nacional para tratar a unos 52.000 pacientes con hepatitis C, más de la mitad del total de afectados en España, con los nuevos fármacos de última generación que se han aprobado recientemente. La iniciativa tendrá un coste de 727 millones de euros a financiare en 3 años.

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