La colaboración público-privada se revela esencial en la I+D biomédica

n Se abre la 5ª convocatoria IMI-2, que contará con 92 millones de euros para diabetes y alzhéimer
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26 jun 2015 - 15:00 h
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El éxito cosechado durante los años 2007 a 2014 por la Iniciativa de Medicamentos Innovadores (IMI) es la mejor carta de presentación para la continuidad de este programa de colaboración público-privada en el denominado IMI-2 y cuya quinta convocatoria se abrirá a finales de junio y se cerrará el 29 de septiembre. Esta edición del IMI-2 cuenta con un presupuesto inicial de 92 millones de euros y se ha marcado como uno de sus objetivos primordiales el impulso de nuevas terapias e investigaciones en patologías con una gran incidencia y prevalencia poblacional en la sociedad como la diabetes o enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.

En términos generales IMI-2 tiene un presupuesto de 3500 millones de euros y un periodo de duración hasta 2024. Este programa ejemplifica los avances en investigación biomédica que se han puesto en marcha gracias a la colaboración público-privada, ya que esta iniciativa nace de la confluencia entre la Comisión Europea y la patronal continental de la industria farmacéutica, Efpia. De hecho, según la responsable de la Plataforma Española de Medicamentos Innovadores de Farmaindustria, Amelia Martín, “el objetivo de esta sesión es hacer partícipes a empresas y centros nacionales de investigación de la colaboración público-privada biomédica más importante y con mayor presupuesto de Europa”.

Madrid acogió la puesta de largo de la quinta convocatoria del IMI-2 en la que se repasaron algunos de los 59 proyectos llevados a cabo bajo el paraguas del IMI y las otras cuatro convocatorias de IMI-2. El impacto positivo que la comunión de instituciones públicas con corporaciones privadas puede tener en la investigación y desarrollo de nuevos tratamientos médicos, no solo se centra en proyectos precompetitivos como ocurría en el IMI, sino que en esta ocasión tiene una visión más amplia. “IMI fue una historia de éxito que propició la prolongación en IMI-2, que bajo el paraguas del Horizonte 2020 engloba todo el ciclo de la I+D hasta llegar al mercado”, asegura Martín.

Fruto de esta experiencia son los resultados positivos en biomedicina que ya se están produciendo y en muchos casos se están aplicando en terapias y tratamientos a lo largo y ancho del continente europeo. La jornada, denominada ‘IMI-2 Info Day’, estuvo organizada bajo el auspicio de Farmaindustria, el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) y el Instituto de Salud Carlos III y en ella se presentaron los ejemplos de algunas de las iniciativas que ya se han desarrollado.

A otros sectores

Uno de los aspectos novedosos de IMI-2 reside en el objetivo de ampliar el binomio administración pública e industria farmacéutica para hacer extensible este programa a otros sectores industriales como las tecnologías sanitarias, la informática médica, la industria de materiales diagnósticos o la sanidad animal. Es en este punto donde las pymes biotecnológicas pueden jugar un papel importante. “No hay que minusvalorar a las pymes biotecnológicas. Tienen verdaderos proyectos que pueden ser de interés para la big pharma”, destaca Martín. Eso sí, para entrar en IMI-2 “tienes que estar jugando en la Champions League de la investigación biomédica. Tienes que ser de los mejores a nivel internacional. Nosotros en España tenemos buenos científicos y de hecho hay dos proyectos que se coordinan desde España y coordinar un proyecto IMI es complicado”, asevera Martín.

Esta convocatoria es muy positiva desde el punto de vista de la participación industrial ya que entrar en este tipo de consorcios supone colaborar con compañías Efpia. “Las pequeñas compañías biotecnológicas que están participando obtienen unos resultados positivos y seguridad jurídica. Las reglas por las que se protege la propiedad industrial de los resultados son consensuadas en el seno del consorcio conforme a las reglas que tiene preestablecidas IMI”, confirma Martín.

A título informativo, las compañías interesadas en explorar el programa IMI-2 a nivel nacional pueden participar en los webinar que organiza la oficina ejecutiva del programa del 1 al 14 de julio.

La mejor forma de convencer y seducir a las entidades privadas y centros de investigación públicos para adscribirse a este programa fueron los datos ofrecidos en la ponencia desarrollada por John Butler, de Bayer. En su presentación aludió a los aproximadamente 3.500 millones de euros que se van a destinar en las diferentes convocatorias de IMI-2. Además, también hizo referencia a la participación de pymes que puedan también colaborar en los programas. Otro de los beneficios indudables de los proyectos IMI reside en que son investigaciones abiertas cuyos avances se comparten con diferentes grupos de investigación. Butler también argumentó el carácter puntero de los programas lo que permite “acelerar el acceso de la población a nuevos fármacos y acompañar más allá de la I+D al ciclo del medicamento”. Dos buenos ejemplos son los programas European Lead Factory y Ebisc.

El primero recibió una inversión de 196 millones de euros, y fomenta la innovación abierta a través de un plataforma disponible para investigadores, universidades, pymes e industria farmacéutica, que contiene unos 320.000 componentes que pueden ser compartidos por los actores implicados. El segundo estableció un Banco Europeo de Células Madre Pluripotentes Inducidas (IPSC), que reúne los estándares de calidad y seguridad y que ha logrado una armonización jurídica continental en este ámbito. El programa fomenta el desarrollo de la biomedicina gracias a que abrió la posibilidad de colaborar con otros IPSC europeos. De este último programa forman parte instituciones españolas como el Instituto de Salud Carlos III, el Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona, Inbiomed y el Biobanco del Sistema Andaluz de Salud. Los programas del IMI-2 también abarcan otros ámbitos, como la promoción de la medicina estratificada en el que colabora el Instituto Oncológico del Hospital Vall D’Hebron de Barcelona o el programa Precisesads, que persigue un mejor diagnóstico molecular. Colaboran en el proyecto el CSIC, el Consorci August Pi i Sunyer, la Fundació Institut Bellvitge, la Universidad de Granada o Althia Health, entre otros.

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