Los salarios han subido un 8% desde 2010 mientras se redujo un 14% la facturación

La evolución del IPC y el aumento de la jornada anual minimizan la carga asumida por el titular por esta brecha
Madrid
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20 ene 2017 - 12:00 h
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La crisis económica que ha padecido el sector de oficinas de farmacia en la actual década —y de la que parece estar recuperándose, a tenor de recientes informes— no ha tenido repercusión para los cerca de 60.000 farmacéuticos empleados en la red nacional de cerca de 22.000 establecimientos. Cuando menos, no en sus salarios. Los números son clarividentes: desde 2010, a través de lo estipulado en los convenios colectivos publicados desde entonces, los salarios han aumentado un 8 por ciento. En cambio, no se puede decir lo mismo de la facturación de las farmacias, la cual habría descendido por encima del 14 por ciento en el acumulado entre 2010 y 2015 (según datos del informe Evolución y tendencias del mercado farmacéutico español de QuintilesIMS).

Un análisis de EG demuestra que, si no el total, el mayor peso de la crisis económica de las farmacias españolas ha recaido en exclusiva en los titulares, sin que tan siquiera la composición de las plantillas de estos establecimientos haya sufrido especiales reducciones (de una media de 4,5 empleados por botica en 2014 se habría pasado a 3,9 en 2015). De vuelta a lo monetario, incluso ya está confirmado que los salarios se mantendrían a salvo de posibles réplicas futuras de esta crisis económica, dado que el recién firmado nuevo convenio colectivo de oficinas de farmacia (el XXV) que estará vigente de 2017 a 2019 mantiene la línea ascendente salarial que ya reflejó su texto precedente (XXIV).

En concreto, las patronales FEFE y Fenofar, junto al sindicato UGT, han fijado un incremento salarial del 5 por ciento a repartir en el próximo trienio de la siguiente manera: un 2 por ciento en 2017, y un 1,5 por ciento, respectivamente, para los siguientes 2018 y 2019. Un aumento que se suma al del 6,5 por ciento, también parcelado entre 2014 y 2016 (ver gráfico), que dictó el laudo arbitral para el XXIV convenio.

Esa decisión salomónica dictada por el Sistema Interprovincial de Mediación y Arbitraje tuvo lugar en junio de 2014, meses después de que el sector nacional de oficinas de farmacia viniese de cerrar un ejercicio (2013) con un caida del 1,1 por ciento de la facturación respecto a 2012. Un porcentaje negativo que, si bien en menor medida, se ha venido manteniendo en los años posteriores: -0,3 por ciento en 2014 (año en el que, por contra, los salarios un 1,5 por ciento) y otro -0,5 por ciento en 2015 (año con un incremento salarial del 2 por ciento).

En el cómputo global de la actual década, el salario base mensual a percibir por un farmacéutico titulado habría pasado de los 1.640 euros en 2010 a los 1.798 euros (exceptuando complementos) que recibirá en su nómina de este mes de enero, primer mes en el que se computará la subida del 2 por ciento fijada para 2017. Mientras, desde la perspectiva de los empleadores los números dicen que comenzaron la década con unas facturaciones medias que superaban el millón de euros anuales, las cuales han bajado a niveles próximos a los 859.000 euros en 2015 (último ejercicio del que recoge datos el informe de QuintilesIMS). A pesar de ello, patronales y sindicatos indican a EG solo tener constancia en torno a una treintena de descuelgues salariales del convenio ahora expirado (XXIV).

IPC y jornada ‘suavizan’ la brecha

Según apunta Luis de Palacio, secretario general de FEFE, aún siendo cierta esa importante brecha entre la evolución de los salarios y la facturación, existen otros factores que reducirían el efecto de esa carga en el titular. Una de ellas sería la propia evolución del IPC (y que minimiza la subida neta de los sueldos), así como los incrementos de las jornadas anuales que también se vienen reflejando en los últimos convenios (una media de un aumento de 7 horas en cada ejercicio). “El aumento de la jornada anual permite al titular ahorrarse el abono de horas complementarias para cumplir con los horarios mínimos obligatorios que marcan las normativas regionales”, apunta a EG De Palacio.

Mientras, desde Fenofar, sí se denuncia que “no es soportable que el capital humano se vaya a dos dígitos de los costes de la farmacia”, apunta Cristóbal López de la Manzanara, su secretario general y presidente de la empresarial madrileña Adefarma. Según sus cálculos, un 15 por ciento de los ingresos de las farmacias se destinan al pago de nóminas, mientras que el informe de QuintilesIMS lo ‘rebaja’ al 8,6 por ciento.

Respecto al nuevo convenio colectivo y esa subida parcelada del 5 por ciento para el próximo trienio, López de la Manzanara cree que el bando patronal ha sido “demasiado generoso, dado que la farmacia no se ha recuperado de la crisis”. El secretario de Fenofar concreta que ya se venía “de una subida grande y los salarios deberían haberse congelado”. Además, recuerda que “en estos últimos años no ha habido despidos y por ello los trabajadores —en alusión al bando sindical— deberían haberse sacrificado porque cuentan con un sector de empleo estable”.

El XXV convenio, ya firmado

En relación al citado XX V convenio, el cual fue firmado el 19 de enero en Madrid, el presidente de FEFE, José Luis Rodríguez Dacal, reconoce que “en principio no pensábamos llegar a los incrementos que al final hemos pactado”, si bien como contrapunto señala el aumento de la jornada anual. En este sentido, desde UGT —único sindicato firmante del texto tras la no participación motu proprio en la mesa negociadora de UTF, CC.OO y Fetrafa— se considera que “respecto a los salarios, no es un mal convenio”, indica su secretaria de Salud, Gracia Álvarez.

Patronales y UGT consideran que el acuerdo sobre el nuevo texto aporta “estabilidad” y “paz social” en las farmacias nacionales. “Nos permitirá mirar con un poco más de tranquilidad al futuro, aunque creemos no será mejor”, apunta Rodríguez Dacal. “Esperemos que la farmacia cambie su tendencia económica negativa”, completa Alexia Lario, presidenta de Fenofar.

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