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11 oct 2018 - 15:05 h
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Solo han pasado cuatro meses, pero no resulta exagerado decir que han mermado las expectativas que levantó Carmen Montón en su estreno ante el Congreso

Dos ministras en cuatro meses. Partiendo de esta premisa, era previsible encontrar múltiples similitudes entre la primera comparecencia de Carmen Montón y el estreno de su sucesora en el cargo, María Luisa Carcedo, ante la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados. Similitudes, sobre todo, en cuestiones de fondo. Lo que quizá no era tan esperable era encontrar tantas diferencias, sobre todo en cuestiones de forma.

Sólo han pasado cuatro meses, pero no resulta exagerado decir que las enormes expectativas que levantó la primera ministra de Sanidad de Pedro Sánchez, que se presentaba ante los diputados en una sala abarrotada, han mermado. Y no se trata solo de que la asistencia al estreno de Carcedo fuera evidentemente menor. Que también... Pero si las expectativas se han diluido como azúcar en agua es sobre todo por cada una de las piedras que se ha ido encontrando el Gobierno y le han impedido sacar adelante su techo de gasto, situando todavía en la nebulosa la posibilidad de aprobar los presupuestos generales del Estado para 2019 y garantizar así la continuidad y estabilidad del Ejecutivo.

Demasiadas dudas, durante demasiado tiempo. Aunque solo sean cuatro meses. Sanidad lo sabe; la ministra lo sabe. Sin techo de gasto y sin presupuestos no habrá posibilidad de mejorar la financiación sanitaria; como tampoco habrá posibilidad alguna de plantear una reforma del copago, cuyo coste recaería íntegramente sobre las comunidades autónomas; como tampoco, por mucho empeño que se ponga, tendría cabida un plan de abordaje de la terapia celular. Si algo no necesita este Gobierno, ni el SNS, es seguir adoptando nuevas decisiones de gasto sin financiación adicional, generando más malestar entre las CC.AA.

El sueño parece haber tropezado, por fin, con la realidad. Recuperada la universalidad, no puede decirse, ni mucho menos, que el Ministerio haya entrado en una parálisis. Hay planes y posibilidades de seguir dando titulares, pero es evidente que el diálogo que se estableció en la Comisión de Sanidad es de sordos y hace inviable hablar de una planificación sanitaria a largo plazo: los grupos exigen que el Gobierno, aunque solo sea por coherencia, haga todo aquello que exigía en la oposición, pero lo hacen negándole la herramienta que se lo permitiría.

La ministra lo sabe: sin PGE no hay posibilidad de mejorar la financiación o reformar el copago

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