Los 100 días de la ministra de la justicia social

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21 dic 2018 - 14:10 h
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Transcurridos los 100 primeros días al frente del Ministerio de Sanidad, María Luisa Carcedo ha sabido imprimir su sello personal al que será su mandato, que suma a las líneas apuntadas por su antecesora, Carmen Montón, un vínculo muy estrecho entre sanidad y servicios sociales.

Es lógico que el trabajo de la ministra esté condicionado por su experiencia como secretaria ejecutiva de Sanidad del PSOE y como ex alta comisionada para la lucha contra la pobreza infantil. Si hay un término que se repitió en el discurso que la ministra dio en el Foro Nueva Economía, más incluso que los de ‘Sanidad’ o ‘Servicios Sociales’, fue el de ‘Justicia Social’.

Hace tiempo que los economistas han dejado atrás el empeño neoconservador de demostrar que la desigualdad tiene efectos positivos. Hoy se sabe que la desigualdad aumenta el gasto público, al igual que las necesidades en salud (Efecto Glasgow); que puede convertirse en un círculo vicioso y que tenderá a agravarse si no se actúa sobre ella; que nos hace social y políticamente más inestables y vulnerables, al desperdiciar talento y malgastar recursos.

España tiene razones para presumir a nivel internacional, pero no en indicadores sociales. En 2017 ocupó el lugar 24 de 28 en la Unión Europea. “Un lugar que no nos corresponde”, señala Carcedo. Bajo su tutela, el Ministerio de Sanidad trabaja con la consigna de que la inversión social genera tasas de retorno a la sociedad más altas que cualquier otra inversión. En esta filosofía encajan líneas más acertadas —el trabajo en universalidad, copagos, cartera de servicios o incluso CAR-T— o menos —comisión de desprivatización—. La idea general es cambiar el concepto de que el gasto social es un gasto ahorrable; y transformarlo en una inversión. Pero Carcedo, como el resto de compañeros del Consejo de Ministros, tiene las manos atadas. Poco podrá hacer Sanidad sin los nuevos presupuestos que se debatirán en el Parlamento, otra vez, en el mes de enero.

Hoy, España tiene razones para presumir a nivel internacional, pero no en indicadores sociales

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