El día que la Ciencia llegó al Parlamento

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08 nov 2018 - 16:55 h
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Es sin duda una grandísima noticia saber que España se encuentra a la espera de una oficina parlamentaria de asesoramiento científico permanente

Dijo Rosalind Franklin, química y cristalógrafa inglesa, responsable de importantes contribuciones a la comprensión de la estructura del ADN, del ARN, de los virus, del carbón y del grafito, que “la ciencia y la vida, ni pueden, ni deben estar separadas”. Hace tiempo que esta idea caló en los decisores y políticos que hoy son los países tractores en materia de ciencia. En ellos, son habituales los coloquios públicos entre científicos y políticos que sirven como vehículo para mostrar cómo el método científico puede ser de ayuda en el diseño de políticas específicas. Es sin duda una grandísima noticia saber que España se encuentra en ese listado y a la espera de una oficina parlamentaria de asesoramiento científico permanente.

En los últimos 40 años, y pese a las limitaciones económicas, pocos de los que la semana pasada se dieron cita en una jornada pionera e histórica podrían haber imaginado la situación actual. Hoy España es un país científicamente respetado, con una buena producción científica, que puede codearse con otros países gracias a un esfuerzo colectivo de científicos, políticos, gestores y la sociedad en su conjunto. El futuro es esperanzador, pero sólo si somos realmente conscientes de ello.

El vínculo, hasta ahora inexistente entre los legisladores y los investigadores, es la mejor garantía para que los retos se conviertan en oportunidad. La vía de diálogo abierta la semana pasada se convierte en el mejor intercambio posible: gracias a ella, los políticos tienen a su disposición la evidencia que necesitan para tomar decisiones informadas desde una perspectiva independiente, así como para poner en marcha los incentivos y el reconocimiento que precisa el modelo científico; gracias a ella, los investigadores abandonan por un momento su papel de demandante para ser ofertantes de conocimiento y entender, de paso, las complejidades del trabajo de un legislador o un gestor. Es muy fácil criticar la gestión pública, pero el trabajo de tomar decisiones es tremendamente difícil.

En un foro acostumbrado a hablar del pasado, también fue agradable empezar a hablar del futuro. Hay esperanza para abordar los retos asociados al Big Data, al envejecimiento, a las terapias avanzadas o a las enfermedades infecciosas. Este será, sin duda, el comienzo de una gran amistad.

El vínculo entre legisladores y científicos es la mejor garantía para convertir los retos en oportunidad

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