La impresora que cambiará el mundo

La impresión 3D revoluciona los procesos de producción y abre nuevas e interesantes vías en el ámbito sanitario
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Madrid
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23 ene 2017 - 11:00 h
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La consolidación de la impresión 3D es tan sólo una prueba más de nuestra incursión en un futuro diferente. Y es que no estamos hablando únicamente de un aparato que parece sacado de la misma ciencia ficción. La impresión 3D es una realidad dispuesta a marcar un punto y aparte, tan definitivo, como el que se experimentó a mediados del siglo XVIII en plena Revolución Industrial. No en balde ya hay quien lo denomina la “Tercera Revolución de la Industria” y es que, de ahora en adelante, los procesos de producción se simplifican hasta cotas insospechadas.

Aunque la impresión 3D se ha instaurado en una multitud de ámbitos distintos, no cabe duda de que los usos más impactantes se están obteniendo en el entorno sanitario. Se trata de una tecnología universal que se puede aplicar a cualquier proceso productivo. La fuerte necesidad de personalización que exige el área médica hacen del 3D la solución ideal.

Implantes dentales y audífonos ya se han beneficiado del alto grado de personalización que ofrece la impresión tridimensional y su utilización es cada vez más popular. No sólo se consiguen abaratar significativamente los costes, sino que además se obtienen resultados más precisos.

La impresión de prótesis también lleva años probándose con éxito. En 2012 se trasplantó con un desenlace satisfactorio, la primera mandíbula impresa en titanio. A día de hoy, este tipo de operaciones son habituales y no nos sorprenden como una novedad.

Es más, la aparición de las impresoras 3D de bajo costo ha permitido que los más innovadores empiecen a experimentar y buscar soluciones propias para su problemática. Esto es lo que sucedió con la famosa Robohand, una mano robótica impresa en 3D que fue ideada por un carpintero sudafricano tras sufrir un accidente y que ha terminado comercializándose gracias a su gran éxito.

Otra de las aplicaciones terapéuticas más prometedoras la encontramos en las férulas 3D. Tanto es así que varias start-ups nacionales han apostado por ellas.

Juan Monzón, CEO de Exovite, explica que estas férulas permiten que el paciente lleve una vida más confortable, ya que se puede duchar y rascar y aparte, evita las rozaduras y problemas en la piel. Las férulas Exovite, además, incluyen un sistema de electro estimulación para combatir la atrofia muscular.

Antes de lo que imaginamos, los hospitales podrán imprimirlas en menos de 15 minutos. Está claro que ofrecen innumerables ventajas frente a las clásicas escayolas, y nos llevan a replantearnos cómo hemos sido capaces de vivir tanto tiempo sin ellas.

Pero lo que más nos impresiona de estas nuevas tecnologías de producción es, sin duda alguna, la bioimpresión.

Hablar de bioimpresión es hablar de imprimir células vivas.

En el proceso, se utiliza una impresora de órganos que suele funcionar con dos cabezales. Uno expulsa material de soporte, como puede ser un hidrogel; y el otro imprime el cultivo de células del paciente. Y es que aunque nos parezca una escena sacada de una historia futurista, la bioimpresión es en realidad la opción más natural. Permite obtener órganos que provienen de las mismas células del paciente. De esta manera, las perspectivas del trasplante son mejores y se evita el rechazo inmune.

Aunque se trata de un área que aún está en pleno desarrollo, ya existen empresas que han apostado fuerte por ella. Es el caso de Organovo, una compañía biotecnológica de San Diego que está demostrando su liderazgo en este campo.

Las aplicaciones de la bioimpresión, por otro lado, resultan evidentes de cara a la formación de estudiantes de medicina, quienes dispondrán siempre de órganos reales a su alcance para practicar. Además, disminuye la necesidad de realizar pruebas en animales, puesto que los órganos impresos se podrían emplear para testear la eficacia de los tratamientos.

El uso de las impresoras 3D también tiene cabida en la industria del medicamento. El profesor Lee Cronin, de la Universidad de Glasgow, habla del concepto de “Chemputero de cómo estas impresoras pueden permitir que la farmacia o el usuario final impriman sus propias medicinas.

Esta nueva perspectiva revoluciona el concepto de los SPD y abre un mundo nuevo de posibilidades para los enfermos mayores y crónicos, que deben tomar varias pastillas al día y usar diferentes dosis; y que pueden verse saturados o confundidos en ocasiones. Una píldora única y personalizada según las necesidades de cada paciente podría ser la solución ideal.

El equipo de Cronin ya se encuentra desarrollando el primer aplicativo que posibilitará la producción casera de Ibuprofeno. Para Cronin, las posibilidades son ilimitadas y se podría incluso, llegar a transformar la economía de escala, logrando que cualquier medicina sea coste - efectiva, lo que impulsaría enormemente los tratamientos destinados a enfermedades poco frecuentes, no siempre rentables.

Esta última utilidad confirma la perspectiva de un futuro prometedor. La impresión 3D tendrá cabida en muchas más áreas de nuestra vida de las que imaginamos. Y si no, tiempo al tiempo.

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