Quitarle la corona al cáncer

La inmuno oncología y LOs avances en la lucha contra la enfermedad
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Madrid
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02 feb 2018 - 15:00 h
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LA FICHA: Los avances en investigación, llenan de optimismo el Día Mundial contra el Cáncer

Hasta los reyes son de carne y hueso. No los magos, que esos están hechos de otra pasta y andan de vacaciones siderales en sus lejanas tierras de Oriente rebuscando en sus alforjas el oro, incienso y la mirra que regalarán al primer niño que vean en un pesebre el próximo 25 de diciembre. No, en realidad estábamos pensando en la reina Letizia y su confesión encima de un púlpito que hasta ha parado algunas rotativas: “Una persona a la que quiero muchísimo acaba de ser diagnosticada de un cáncer complicado”.

Según el último informe de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en 2017 hubo 228.482 nuevos diagnósticos y se estima que para 2035 llegarán a ser 315.413. Los tumores siguen apareciendo mayoritariamente en la próstata, el pulmón, las mamas, la vejiga y el estómago. Mientras, la ciencia sigue dando pasos de gigante en la lucha contra la cronificación del cáncer y para lograr que un diagnóstico hecho hace diez años no sea lo mismo que hace uno.

Porque ya nadie piensa en erradicarlo sino en convertirlo en un mal crónico tratable echando mano de las terapias novedosas que aspiran a revolucionar el campo de la oncología y, quizá algún día, hasta sustituir a la quimioterapia. Por ejemplo, en el caso del cáncer de pulmón los avances experimentados en estos dos últimos años superan los alcanzados en la última década, un dato positivo para hacer frente al tumor con más alta incidencia y que provoca el mayor número de muertes en el mundo. Sin ir más lejos, en 2016 murieron 20 veces más personas por cáncer de pulmón que por accidentes de tráfico.

Pero la investigación trabaja a contrarreloj para dinamitar estas cifras. Ahora mismo hay cerca de 2.240 ensayos clínicos de combinaciones en inmunoterapia de los cuales la tasa de éxito será en torno al 7 por ciento. “Eso supone que en los próximos años van a llegar más de 200 combinaciones en inmunoterapia para el campo de la oncología”, lanzaba optimismo Federico Plaza, director de Corporate Affairs de Roche.

Según la American Society of Clinical Oncology (ASCO), este año ha habido varios avances etiquetados con el honor de haber sido impensables en unos tiempos no tan lejanos. ASCO ha nombrado a la inmunoterapia celular adoptiva como el avance clínico del año en cáncer. Sobre todo, porque es el fruto de décadas de investigación dedicadas a encontrar una solución que alargue la vida y ensanche la calidad de esta para pacientes con cáncer de sangre catalogados como incurable.

La inmunoterapia, como históricamente han hecho las revoluciones, pone patas arriba norma, tratamiento y prescripciones médicas establecidas hasta el momento. Muchos expertos coinciden en que el futuro es (casi) hoy, y ya vemos avances destacados en este campo que hasta hace poco aparecían como impensables en las cabezas pensantes especializadas.

Hoy sabemos que las células inmunitarias navegan por el cuerpo en busca de cualquier sujeto extraño que no pertenezca al microcosmos corporal: bacterias, virus e incluso células cancerosas. Lo hacen utilizando sus sensores moleculares a la caza de las moléculas hostiles. Una vez que se detecta un visitante inesperado, una clase de células inmunitarias, conocidas como células T citotóxicas, entran en acción para neutralizarlos. Desafortunadamente, el cáncer se pasean por el organismo bajo multitud de disfraces y puede esconderse de las células inmunitarias para evitar su ataque. El enfoque de la inmunoterapia trata de remediarlo mediante la eliminación de los frenos del sistema inmunológico con el uso de fármacos dirigidos. Fue a finales de la década de 1980 cuando un inmunólogo se lanzó a experimentar con la reprogramación genética de las células T, ahora conocidas como células CAR-T, fabricadas a medida para trabajar contra el cáncer en cada paciente de forma personalizada. Para crear estas células, los investigadores recolectan células T inmunitarias y les insertan un gen artificial diseñado para dotarlas de receptores de antígenos quiméricos que pueden detectar moléculas únicas en las células cancerosas.

Después, las CAR-T se multiplican en el laboratorio y se inyectan de nuevo en el paciente. Cuando el receptor de la célula CAR-T se adhiere a una molécula de una célula cancerosa, envía una señal para encender la maquinaria de destrucción de la célula T. A diferencia de los tratamientos tradicionales contra el cáncer, esta terapia viva debe ser administrada sólo una vez, porque las CAR-T siguen multiplicándose en el cuerpo y sus efectos anticáncer pueden incluso aumentar conforme va pasando el tiempo.

“No es la primera vez en mi ámbito personal [que detectan un cáncer a alguien cercano] pero sí es el caso más reciente” seguía la reina Letizia. Es el peor momento: la confirmación del diagnóstico más temido. Por ello, los especialistas están probando una plataforma web que pueda ayudar a paliar la angustia y sobre todo, a poner el foco en la parte psicológica y mental a la que no hay que dejar de prestarle atención. Del cuerpo y su tratamiento se encargan los especialistas que siguen alumbrando esperanza en forma de nuevas terapias que curan desde reyes hasta plebeyos.

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