Adalides de la contrarreforma sanitaria

El ‘equipo sanitario’ de Pedro Sánchez
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Madrid
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08 jun 2018 - 12:00 h
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LA FICHA: “Carmen Montón pasa de la Consejería de Sanidad Universal al Ministerio de Sanidad”
“María Jesús Montero pasa de la Consejería de Hacienda de Andalucía al Ministerio de Hacienda”

”Los socialistas defendemos la subasta de medicamentos y no los copagos, que se aprieten el cinturón las empresas farmacéuticas. #VotaPSOE”. Dos años y seis meses, aproximadamente, separan este tuit del entonces candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, de la decisión adoptada la semana pasada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de nombrar a María Jesús Montero, ex consejera de Salud de la Junta de Andalucía —ahora también ex consejera de Hacienda y Administraciones Públicas— como sustituta de Cristóbal Montoro. El ‘sí’ de Montero a Sánchez se concedió horas antes de que se conociera la otra cábala que durante tres días —desde su jura ante el Rey— tuvo en vilo al sector farmacéutico. A toro pasado, y despejada la incógnita Carmen Montón, ahora resulta difícil pensar en dos figuras del PSOE que personifiquen mejor lo que ha sido la política socialista en la oposición trasladada a la gestión autonómica.

Asimismo, el tándem Montón-Montero promete traer cambios importantes. El vínculo entre las políticas sanitarias y económicas siempre ha existido, pero fue con Elena Salgado —primero ministra de Sanidad y Consumo de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2007); luego ministra de Administraciones Públicas (2007-2009) y por último de Economía y Hacienda (2009-2011)— cuando esta unión alcanzó cotas de visibilidad nunca vistas, que se intensificaron aún más con la llegada de la crisis. Si la industria farmacéutica siempre estuvo en el punto de mira de la ex ministra socialista, Cristóbal Montoro nunca le quitó ojo al gasto sanitario y a los objetivos de déficit.

La embajadora del cambio

Embajadora del cambio en la Comunidad Valenciana, Montón siempre dijo que el nombre de la Consejería de Sanidad Universal y Salud pública era toda una declaración de principios... La misma, cabe suponer, que Pedro Sánchez está lanzando ahora con su nombramiento. Firme convencida de que sólo desde lo público es viable y sostenible un sistema sanitario que sea instrumento de cohesión social, de garantía de derechos y de equidad, la nueva ministra es una absoluta defensora de lo público como arma de construcción masiva.

Sobre ello se trabajado en el gobierno valenciano. Durante tres años, Montón ha dado un giro de 180 grados a las políticas sanitarias regionales: ha priorizado el gasto sanitario; ha profundizado en la gestión eficiente; ha apostado por la estabilidad en el empleo y por dignificar las infraestructuras sanitarias... Y mientras exigía de manera continua la derogación del 16/2012, argumentando que nadie en el PP ha demostrado todavía el supuesto ahorro económico en el que se amparó para ver la luz, también trabajaba a pie de campo. Convirtió a su comunidad autónoma en la primera en garantizar los tratamientos a la totalidad de los pacientes de hepatitis C, con independencia del grado de fibrosis, y también a la cabeza de lo que llamó la “pobreza farmacológica”. Se estima que el 40 por ciento de las personas en la Comunidad Valenciana disfrutarán de ayudas al copago al finalizar el 2018... Si es que estas ayudas siguen siendo necesarias para entonces, claro.

Si el gran objetivo de Carmen Montón es trasladar al Ministerio las políticas que ha implementado en la Comunidad Valenciana, no cabe duda de que en su hoja de ruta para garantizar los servicios públicos aparecerán la búsqueda de una relación de complementariedad con la sanidad privada, quizá extrapolando la experiencia Alzira; el establecimiento de la salud como un derecho universal de la ciudadanía; la derogación del Real Decreto-ley 16/2012 y, específicamente, del copago farmacéutico por renta.

Pero no podrá hacerlo sola. Cumplir un compromiso no es solo cuestión de voluntad política. La experiencia nos ha dejado antes —recordemos el ejemplo de los fármacos de la hepatitis C que no iban a computar en el déficit de las comunidades autónomas— compromisos sanitarios rotos por la interferencia de Hacienda. Y aquí es donde entra en juego Montero, otra firme defensora de que la salud no admite término medio: o se garantiza o se vulnera.

La heredera de Elena Salgado

La nueva ministra de Hacienda se forjó en la política sanitaria haciéndole la oposición a la ex ministra Ana Mato. Desde la Consejería de Salud de Andalucía, fue María Jesús Montero la encargada de mostrar que otra manera de gestionar la sanidad era posible. Y, como ha ocurrido casi siempre, lo hizo con la vista puesta en la industria farmacéutica. Conviene no perder de vista el tuit de apoyo a las subastas que el ahora presidente del Gobierno lanzó a finales de 2015, porque si tiene tiempo suficiente Montero podría, en la legislatura de Pedro Sánchez, ser lo que Elena Salgado representó en la etapa de Rodríguez Zapatero.

Sus comienzos no serán fáciles. De todos los ministros, es la que tiene la papeleta más difícil: defender un proyecto que no sólo no ha elaborado, sino que no comparte. Y no es un proyecto cualquiera. Para la ministra de Hacienda, defender los Presupuestos Generales del Estado para 2018 será como intentar vender una casa que tú no has querido comprar porque están convencido de que tiene serios problemas estructurales. Normal que el PSOE ya se haya apresurado a anunciar su compromiso de sacar unos “presupuestos sociales” para 2019...

Además, Montero deja de ser peticionaria y se convierte en repartidora. En su mano está el dar al nuevo sistema de financiación lo que lleva años pidiendo desde Andalucía: blindar el gasto sanitario en la LOFCA mediante un suelo social. Pero igual que Montón depende de Montero, la ministra de Hacienda no es independiente. Como fichas de dominó cuyo futuro depende de la estabilidad de la que les precede, no podrá hacer nada, no ya sin el apoyo de los grupos que han avalado a Sánchez, sino sin la connivencia de Bruselas. Y España tiene que recortar unos 9.000 millones de euros para cumplir los objetivos de déficit de 2018.

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