SERGIO ALONSO, REDACTOR JEFE DE 'LA RAZÓN´
La somatropina y Madrid 2012
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Cuando la polémica en torno a la distribución se va apagando poco a poco, el Ministerio abre otros frentes. El más importante es el relacionado con la somatropina, que ha dejado de venderse en las farmacias por decisión gubernativa. La razón que aduce Sanidad es que se ha detectado un uso de la hormona del crecimiento con fines perjudiciales para la salud, como aumentar el rendimiento físico. Para los sectores afectados, este uso es inexistente o residual, por lo que reclaman la suspensión cautelar de la designación del producto como hospitalario.
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José Martínez Olmos, director general de Farmacia del Ministerio de Sanidad.
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la edición completa del Nº: 485
Fecha de publicación: Domingo, 5 de Junio de 2005
A pesar de que la guerra de la distribución está ya casi apagada, la Dirección General de Farmacia del Ministerio de Sanidad mantiene abiertos otros frentes no menos bélicos que pueden crecer con el paso de los meses. Al margen del nuevo sistema de ahorro mediante precios de referencia que incorporará la futura Ley del Medicamento —una medida que dará mucho que hablar—, José Martínez Olmos, Mª del Val Díez y el subsecretario Fernando Puig de la Bellacasa se enfrentan ahora a la guerra de la hormona del crecimiento, también llamada guerra de la somatropina, un producto rodeado de un cierto halo de polémica que ha dejado de venderse en las oficinas de farmacia por decisión gubernativa. Se quejan de ello, con lógica, tanto los laboratorios fabricantes —Novo Nordisk, Pfizer, Serono, Lilly, Ferring e Ipsen Pharma—, como la patronal Farmaindustria, y los representantes de los farmacéuticos.
Las razones que aduce el Ministerio para adoptar una decisión de este tipo son estrictamente sanitarias. Según la Agencia Española del Medicamento, se ha detectado un "uso abusivo" de esta hormona en personas sanas, con fines no autorizados y perjudiciales para la salud, como aumentar el rendimiento físico o retardar el envejecimiento en adultos. En opinión de los sectores afectados, dicha utilización es inexistente o residual, por lo que reclaman la suspensión cautelar de la designación del producto como hospitalario que comenzó a aplicarse el pasado 1 de mayo.
Para los fabricantes, la medida adoptada por Sanidad es "sorprendente" e "inaceptable", y afectará a 6.000 pacientes en España, la mayoría de ellos niños con talla baja, que comienzan a enfrentarse a todo tipo de dificultades para proseguir su tratamiento. Emili Esteve, director técnico de Farmaindustria, va incluso más allá al afirmar que existen muchos fármacos que presentan también potenciales riesgos de importancia y que crean desviaciones de consumo muchísimo más notables que la que produce la hormona en el dopaje, y no se circunscriben por ello de forma exclusiva al ámbito hospitalario. El ejemplo que cita es el de las sustancias estupefacientes, aunque hay otras familias de medicamentos en situación similar. Con ellas, el Ministerio no hace nada. ¿Por qué?
Cuentan las malas lenguas que el brusco cambio de denominación del producto para circunscribir su dispensación al ámbito hospitalario tiene más que ver con Madrid 2012 que con un nuevo ataque a las farmacias. Dicen que Jaime Lissavetzky, sabedor de que París ha hecho de la lucha contra el dopaje uno de sus principales argumentos para competir con la capital por la organización de los juegos olímpicos, ha dado instrucciones a Sanidad para reconvertir la situación, y transmitir al extranjero la imagen de que España ha puesto coto a las sustancias que aumentan el rendimiento de los deportistas de forma artificial.
Sea como fuere, lo cierto es que la decisión de Sanidad resulta chocante. Los potenciales riesgos de la somatropina son menores que los que producen otros fármacos. Además, se produce justo en un momento en el que se ha reabierto el debate sobre la ampliación del catálogo de medicinas que deberían dispensarse desde las boticas, empezando por los antirretrovirales para los infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
Los fabricantes se muestran una vez más en desacuerdo con una medida adoptada por la Administración sanitaria. De momento, han decidido que recurrirán el cambio de denominación de la hormona cuando la decisión oficial de dispensarse en hospitales sea firme.
Por su parte, las farmacias vuelven a mostrar su enfado por las acusaciones implícitas de venta de productos sin receta que les llegan desde la Administración. El trabajo vuelve a agolparse a las puertas del despacho de José Martínez Olmos.
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